Fue una noche de perros. Durante toda la tarde no había parado de llover y llover, pero arriesgándonos, yo y un amigo nos fuimos para el concierto. Faltaría como una hora y media para que empezase.

Extrañamente había gente, ya que se había hecho correr el rumor de que se cancelaba y para colmo, la lluvia había cesado a solamente una hora del concierto, y recurriendo a la lógica, o se retrasaría bastante o no se celebraría.

El caso es que in situ, aquello parecía que iba para adelante. El personal de organización, o como lo llaman ahora en plan "guay", el staff, se dedicaba a secar enchufes, quitar los plásticos que protegían los instrumentos y ponerlo a punto todo.

A diez minutos, según un miembro del "staff", para el comienzo del concierto va y se pone a llover de una forma monstruosa, fuerte, muy fuerte... aquello parecía el diluvio universal en versión moderna.

Corrimos a resguardarnos a la puerta de un edificio, pero era tal el agua que caía que incluso estando ahí, nos mojábamos. Así que no se me ocurrió otra cosa que llamar a algunos timbres para ver si nos abrían el portal y así nos pondríamos dentro a esperar que parase todo. En el primero que llamé, después de explicarle la situación me colgó; en el segundo, creo que nos insultaron; en el tercero, pasaron de nosotros; y en el ultimo, sin mediar palabra, nos abrieron y pudimos ponernos a buen recaudo, lejos de aquel aguacero.

Media hora era el tiempo que llevábamos esperando a que aquella gran tormenta acabase, pero nada, aquello no paraba. Mi amigo tuvo la "genial" idea de proponerme el ir corriendo hasta su casa que se encontraba a unos 400 metros de allí. Pues bien, va y le hago caso, salimos corriendo a toda velocidad de aquel portal con el diluvio universal cayendo sobre nuestras cabezas.

Lo primero que nos encontramos es la avendida donde se celebraba el concierto con grandes charcos, pero lo normal para lo que estaba cayendo, pero al girar la esquina de la calle por donde iríamos hacía su casa, el agua por los tobillos, todo estaba inundado, pero no paramos de correr. Hasta que una señora, desde lo alto de una ventana, me pedía que quitase un plástico que iba por el suelo, según decía, para que no tapase los desagües y aquello fuera a más. Retiré aquel plástico bajo la incesante lluvia.

Después de esa... "buena obra", y como es lógico, llegamos completamente mojados a su casa, e incubando un buen resfriado...

Saludos :)