Un 11 de Septiembre de 2001, un atentado sacudía el mundo.

Yo estaba en casa de mi abuela, comiendo mientras miraba, como de costumbre, las noticias. Era un martes, al igual que hoy, y en acabar de comer, ayudaría a pintar la fachada de la casa de mi abuela. De pronto, dieron en la televisión una noticia de última hora, al parecer, una avioneta (que después resultaría ser un avión), se había estrellado en el World Trade Center, concretamente en las Torres Gemelas.

Los datos eran escasos y confusos, pero ya recibían imágenes en directo de aquel desastre. Se podía ver la Torre Norte del World Trade Center envuelta en humo, con un gran boquete e incluso se podía apreciar el fuego. Todavía impresionado por aquello, muchas personas en todo el mundo pudimos ver como una segunda aeronave, se estrellaba contra la Torre Sur, y una gran explosión la acompañaba.

A los presentadores de los informativos, del informativo que yo veía, no les hacía falta ningún teletipo, ni ningún comunicado, para suponer que aquello que estaba ante nuestros ojos, no era un accidente, era algo totalmente voluntario, era una ataque terrorista.

Otra noticia llegaba a las redacciones, otro avión se estrella contra el Pentágono. Prácticamente media hora después, se derrumba la Torre Sur, una gran humareda invade la isla de Manhattan, y se especula con la inminente caída de la otra torre. Desgraciadamente las especulaciones se cumplen, y también, media hora después, cae la Torre Norte.

En total fueron, 2.973 personas, las que perdieron la vida en los atentados del 11 de Septiembre de 2001.