El ritmo de vida actual nos empuja a estar siempre muy enterados, viajar mucho, leer varios periódicos, salir y entrar, usar mucho el teléfono móvil, porque hay que estar al día, hay que saber.

Y tanta información nos acaba saturando, porque a lo mejor hay que pararse a pensar que quizá es mejor una cabeza bien hecha, que una cabeza bien llena.

Este modo vertiginoso de afrontar la vida, excesivo, apresurado, (afortunado por otro lado), que nos da acceso hoy a lo que apenas hace unas décadas era inaccesible, ha ganado riqueza, pero ya no es tan apacible, ha perdido serenidad.

Ya no recordamos ni lo que sabemos...

No hay que quedarse en casa, claro que no, ni tampoco venerar el pequeño mundo de uno mismo, ¡menuda pobreza moral!, pero sí hay que permitir que el caudal de sucesos que nos arrastra, pueda llegar a lo mas hondo del corazón y convertirse en conocimiento provechoso, en verdadero conocimiento.

Confieso que a veces me seduce la idea del escritor Guido Morselli "Solo quiero saber lo que ya sé"...

PD: Este post ha sido realizado por Angelsinalas y Lobo solitario.